MÓDULO 3: La equidad en la evaluación.

LA MIRADA DEL MAESTRO

En la vida hay elecciones que hacer. Hablábamos en otra entrada de ser o no constructivos; hay otra decisión fundamental que tomamos habitualmente: la de empatizar o juzgar. Trasladado al terreno educativo, esto nos convierte en docentes abiertos, con una mirada afectiva y de aceptación o en enseñantes rígidos y llenos de prejuicios.

¿Qué quiere decir "normal"? ¿Lo común o lo aceptable? Si nos referimos a lo primero, simplemente estaríamos describiendo una realidad. Pero si por “lo normal” queremos decir "lo aceptable", habría implícita en dicha alusión una actitud despectiva a lo no descrito como tal. Entonces,  ¿ser extremadamente tímido es normal? ¿Gustarte estar solo mucho tiempo es normal? ¿Tener mucho interés por campo del saber a temprana edad es normal? ¿No gustarte el fútbol es normal? ¿Tener muchas dificultades para aprender es normal? ¿Tener poca inteligencia matemática y lingüística, pero mucha kinestésica y emocional es normal? ¿Y lo contrario? ¿Es normal que a un niño le gusten las muñecas y a una niña las pistolas de juguete? ¿Y tener una alta sensibilidad?

El trabajo del educador no es juzgar, sino acompañar en su desarrollo personal a cada chaval. Eso pasa por ayudar a los chicos a aceptarse como son y a quererse. Si se sienten juzgados, perderemos toda nuestra influencia sobre ellos. Se cerrarán y harán bien, porque no encontrarán en nosotros a un guía, sino a un juez. Es más, contribuiremos a consolidar los prejuicios que ya tienen hacia sí mismos y entre ellos, probablemente aprendidos. En nosotros tienen que ver un referente diferente: alguien que los acepta como son, porque son únicos. La identidad, es decir, lo que no se puede cambiar de uno mismo, porque uno ha nacido así, hay que respetarla y enseñar a respetarla. Si no, ahondaremos en las divisiones de nuestra sociedad y no contribuiremos a la paz.

Todo lo dicho previamente es esencial y tiene un reflejo en nuestra forma de plantear el diseño de nuestras clases y de la evaluación. Si pensamos en la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner o en los estilos de aprendizajes de David Kolb, vemos intentos interesantes de entender la diversidad en el ámbito del proceso de enseñanza-aprendizaje. Si, cuando nos proponemos que los alumnos aprendan un contenido o una destreza, pensamos en distintas formas de enseñarla para las diferentes maneras de aprenderla, estaremos en el camino de conseguir varias cosas: que todos hagan actividades con las que puedan fluir mientras aprenden, que todos se enfrenten actividades que les supongan un reto porque no son las más afines a ellos, que más alumnos se sientan motivados ya que la variedad hace la asignatura más amena, que su aprendizaje resulte reforzado desde distintos ángulos y que puedan tener opción a las mejores calificaciones que ellos puedan sacar. De esta forma, todos habrán tenido las mismas oportunidades y el diseño de las tareas de aprendizaje y la evaluación serán más equitativos y justos.

En la enseñanza de la lengua extranjera este planteamiento es fundamental: lecturas graduadas, estudio de la gramática, investigación sobre temas interesantes para presentarlos oralmente a los compañeros, roleplays o simulaciones, dramatizaciones, juegos, canciones,…La diversidad de actividades contribuye a que la asignatura sea del agrado de la mayoría y que casi todos encuentren que hay algo que les gusta y les motiva. Hacer esto, además, de forma sistemática y con una base teórica que la sustente, teniendo en cuenta, por ejemplo, los estilos de aprendizaje de David Kolb, nos ayudará a hacerlo mejor y afinar más en el diseño de nuestra programación.

En conclusión, esto es una filosofía de vida que llevamos a todos los campos de nuestra existencia. Nuestro testimonio como educadores en este sentido es esencial. Esto no puede ser “pongo un listón y lo saltas a mi manera y a la altura que yo diga”. Esto es “ven, que por uno otro camino, vamos a aprender juntos”. Por supuesto, este planteamiento no tiene nada que ver con ser permisivos o no exigir. En absoluto. Entonces flaco favor les estaríamos haciendo a los chicos en este mundo tan competitivo. Esto tiene que ver con hacer posible que ellos puedan desarrollar su potencial y sentirse competentes, siempre con esfuerzo y constancia por ambas partes, pero también con amabilidad y empatía por la nuestra, para despertar estos valores en ellos. Pero me asalta una inquietud: ¿Debería convertirse este planteamiento en un mandato o exigencia? No debería ser así, por varias razones, pero creo que esto sería tema para otra entrada.

 

 Foto de Howard Gardner

https://www.psicoactiva.com/blog/las-mejores-frases-de-howard-gardner/

Foto de David Kolb

https://www.pinterest.com.mx/pin/4362930874564429/

Foto del salto de altura

http://manoloquintana.blogspot.com/2014/04/el-salto-de-altura.html

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

MÓDULO 1: Cómo la evaluación contribuye al éxito

MÓDULO 5: Reflexión sobre la posible necesidad de un cambio en la dinámica habitual de evaluación.