MÓDULO 2: ¿Usar la calificación como único feedback al alumnado crea mentalidad de crecimiento y superación?
El valor de una calificación
La calificación informa y sitúa, pero usada
como único feedback al alumno resulta pobre; por sí sola no es motivadora.
Entonces, ¿cómo podemos enriquecer la evaluación? ¿cómo podemos transmitir al
alumno la idea de que puede mejorar si se esfuerza?
Cuando uno se plantea ser docente, es
fundamental ser consciente de que nuestro último objetivo, en el cual deben
enmarcarse todos los esfuerzos que hacemos, es el de contribuir al crecimiento
de los alumnos como personas. De hecho, uno de los objetivos de la Educación
Secundaria es el de “Fortalecer
sus capacidades afectivas en todos los ámbitos de la personalidad y en sus
relaciones con los demás” (RD 1205/2014 art. 11 d). Esta afectividad incluye la
construcción de una sana autoestima, la cual está estrechamente relacionada con
su autoconcepto. Por ello, en todos los aspectos del proceso de enseñanza/aprendizaje,
debe estar presente la noción de desarrollo y crecimiento. La personalidad no
es algo cerrado ni estático, sino susceptible de cambio y mejora, por lo que lo
mismo debería ocurrir con el aprendizaje.
La evaluación, por lo tanto, debería plantearse desde este punto de vista, si queremos que incida en el alumno positivamente y que lo motive a superarse y avanzar. Entonces, ¿qué aporta una calificación al alumno? Es una información válida, por supuesto, ya que le dice en qué punto está de ese camino que tiene que hacer en relación a la meta y también a los compañeros. Las calificaciones también pueden ayudar al chico a conocerse, a valorar cuál es su nivel de rendimiento en relación con su esfuerzo y a vislumbrar cuáles son sus aptitudes en la materia, sobre todo, cuando son varios los docentes que lo han valorado en ese mismo campo a lo largo de su vida académica. Pero darle una nota es como hacerle una fotografía hecha en una carrera, por lo tanto, es algo estático, que es necesario, pero insuficiente.
La
calificación, mejor que como una fotografía, debería ser como un diagnóstico, el
cual, para que sea constructivo, debe ir acompañado de unas pistas e
indicaciones sobre cómo mejorar. De esa forma transmitimos al chico la idea de que si persevera, puede
conseguirlo y además lo orientamos sobre cómo hacerlo. Así, por ejemplo, en el
caso una presentación oral, le podemos decir si el contenido responde a lo
pedido, si es más o menos interesante o relevante, qué otras partes podría
haber incluido (una conclusión, una valoración personal, algún dato importante
no mencionado,…), cómo puede mejorar su fluidez (ensayándolo más veces,
grabándose,…), cómo cuidar su lenguaje no verbal (no cruzar los brazos, ponerse
recto, mirar a los oyentes), cómo diseñar las diapositivas (con muy poco texto,
con imágenes relevantes en función del contenido,…), etc. Si lo hacemos así, le
estaremos diciendo “lo puedes hacer mejor”. Esto probablemente lo motivará a intentarlo, ya que a todos
nos gusta tener éxito y saber hacer las cosas bien.
En resumen,
revisar cómo nos planteamos la evaluación y modificar aquellos aspectos que la
puedan humanizar y hacerla más útil para su aprendizaje y más constructiva para
su desarrollo personal, nos puede ayudar a ser mejores educadores y a ser más
positivos para nuestros alumnos. Si nos decidimos a caminar en este sentido,
mejoraremos como docentes, ofreciendo a los chicos una perspectiva abierta sobre
su rendimiento, haciendo que vean sus producciones como “un buen comienzo”,
como dice el profesor de un interesante vídeo sobre evaluación titulado “Austin
y su mariposa” (https://www.youtube.com/watch?v=2-mKkYQ7hA4).
Foto 1 https://trainandfood.com/biomecanica-de-carrera/
Foto 2 https://lopezdoriga.com/deportes/video-atleta-ayuda-a-corredor-a-concluir-la-carrera-en-doha/


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