MÓDULO 4: Procesos mentales implicados en la evaluación y en el aprendizaje. Reto vital.

       LA ACTITUD ANTE LOS RETOS:  "Es que no se me da bien..."

En el plano personal me he enfrentado a retos académicos que consideraba complicados y que alcancé con esfuerzo y determinación. Pero el desafío más reciente que he conseguido y que más satisfacción me ha reportado ha sido el aprender a nadar.


Mi situación personal es la de una mujer de mediana edad con algunos problemas de salud que pueden aliviarse con el ejercicio físico. Yo practicaba Pilates, pero los estiramientos no eran suficientes, era necesario un ejercicio aeróbico. Ahí llegó el problema: ¿Aeróbico yo? Mi relación con el deporte siempre había dejado bastante que desear. Hace años empecé a practicar artes marciales, pero no me veía con cualidades para ello y además notaba que de alguna forma retrasaba al grupo, así que decidí dejarlo. Más adelante comencé a correr y tras varios meses tuve que parar por riesgo de lesión. Algo parecido me ocurrió con el aeróbic y el HIIT, que resultaron sentarle fatal a mi columna. Todo esto no hacía más que corroborar lo que ya pensaba sobre mí misma desde el colegio: “Para el deporte soy una papa frita”.  


En sexto de EGB, me recuerdo en medio de un círculo de compañeras, con la señorita Tere diciéndome que hasta que no hiciera la vuelta lateral no nos íbamos al recreo y yo, avergonzada, terminaba haciendo una especie de saltito de rana, para que mis compañeras pudiesen salir. Con el tiempo y después de algunas escenas más de este tipo, me busqué la manera de que me consideraran “exenta”, liberándome de esta forma de la “odiosa” asignatura de educación física.

Con este historial, hace unos años pensé: “¿deporte aeróbico yo? ¡buf!” Aun así, en verano decidí ir a clases de natación. Me tocó un buen monitor que se metió en el agua para que yo entendiera cómo tenía que coordinar los movimientos y cómo respirar sin levantar la cabeza. Qué paciencia. Estuve a punto de dejarlo porque me daba aprensión mantener la cabeza dentro del agua. Otro fracaso más. Pero alguien me dijo: “¿Vas a dejar que eso pueda contigo? Todo está en la mente, la tienes que dominar.” Y continué hasta aprender. Así, en veranos sucesivos fui mejorando muy poquito a poco, aprendiendo cosas diferentes de cada monitor y de mis compañeros; hasta el pasado verano, en el que decidí que ése era mi deporte, que iba a seguir practicándolo durante el año y  que lo iba a aprender bien. Y así ha sido. Voy mejorando, ya estoy en el nivel intermedio y superar este reto me ha hecho estar más feliz.


Todas estas experiencias me han servido para crecer.  Como aprendiz tengo claro que uno es el responsable de su aprendizaje, que cuando lo tienes claro tomas nota de aquí y de allí y aprovechas todo lo que puede ayudarte.  Como docente, sé qué se siente cuando uno tiene o cree tener pocas aptitudes para algo y lo tiene que aprender, por lo que puedo entender mejor al alumno que tiene que superar el inglés, aunque le cueste o no le guste. Por esta razón procuro diseñar el procedimiento de evaluación de forma que me permita alcanzar dos objetivos: que les sirva a los alumnos para mejorar y que todos tengan acceso, poniendo el esfuerzo necesario, a superar la asignatura.

 

Mi tortuosa relación con el deporte también me ha enseñado a nivel personal que uno tiene que aceptarse como es y a partir de ahí caminar. A nivel profesional, me ha corroborado que como educadora tengo que transmitirles a los alumnos lo siguiente: la importancia de aceptarse y de quererse como uno es; el valor del esfuerzo y la satisfacción que da el superarse a sí mismo; lo fundamental que es entender que en todo camino hay obstáculos, que a veces damos vueltas en círculo o nos salen las cosas mal, pero que hay que seguir, porque sólo perseverando se crece y se mejora.

 En general, esta vivencia me ha ayudado a ver clara mi misión principal: la de ayudar a los chicos y acompañarles en este camino sin ceder al desánimo, a pesar de todas las dificultades con las que yo también me pueda encontrar. Como dijo Jim Rohn, conocido empresario y orador estadounidense: “Hay dos tipos de dolor que sentirás en la vida: el dolor de la disciplina y el dolor del arrepentimiento. La disciplina pesa gramos mientras que el arrepentimiento pesa toneladas.” Por eso lo importante es que hay que seguir esforzándose, pero no a ciegas, sino de manera inteligente, analizando y evaluando para la mejora, porque eso es lo único que nos puede acercar al éxito. De todas formas, aun siendo éste el enfoque más constructivo, me surge una pregunta: con treinta alumnos por grupo y con todas las demandas que se han añadido a nuestra labor, ¿hasta dónde podemos personalizar el proceso de enseñanza-aprendizaje y por lo tanto, la evaluación?


Nadar mal

 


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